Me levanté acordandome del refrán en latín de los Monjes Benedictinos que dice "Vita Communis Maxima Paenitentia", pues casi no pude dormir por los ronquidos de un peregrino alemán que no paró de roncar en toda la noche. Con mis tapones para los oídos puestos, aún se podían escuchar los fuerte ronquidos. Varios peregrinos trataron de callarlo tirandole cosas y gritandole para que se despertara pero fue imposible. Algo gracioso ocurrió cuando una peregrina alemana se levantó de la parte de arriba de una litera y se acerco al peregrino, de repente pude ver que la mujer le metió un fuerte golpe al roncador en el pecho, y el alemán se despertó por unos segundos gritando del susto. Los peregrinos que pudimos ver lo ocurrido en la oscuridad nos hechamos a reir y el alemán inmediatamente siguió durmiendo y roncando. Así continuó la roncadera hasta la mañana. Esta noche me quedaré en un hotel para tratar de reponerme del sueño perdido. Amaneció sin lluvias, con temperatura agradable y buen sol. Hoy me toca una etapa de 25 Kms empezando con un fuerte y continuo ascenso hasta llegar a la Cruz de Ferro a 1504 metros de altura. Tuve la grata compañía de Mercedes durante esta etapa, lo cual hizo el camino más entretenido y agradable.
Fuente del Peregrino.
Cruz de Ferro.
Llegando a la Cruz de Ferro nos encontramos con Sandra y Besnd, lo cual nos alegró mucho, pues así pudimos compartir en uno de los lugares más mítico y emblemático del Camino. La tradición peregrina es dejar en la Cruz de Ferro una piedra traída de casa, lo cual es símbolo de todo aquello que nos vamos desprendiendo en el Camino. Yo dejé arena de Miami Beach y rezé por mi querido amigo de Puerto Rico, Raul Feliciano, fallecido en un accidente de motocicleta en Homestead, Florida en el 1983 con 20 anos de edad. Que Dios te tenga en la Gloria y Buen Camino Raul!
Muchos peregrinos acostumbran a dejar además de piedras, fotos y recuerdos de fallecidos y enfermos. Es muy emotivo ver toda clase de oraciones y promesas pegadas a la Cruz de Ferro.
Ermita de la Cruz de Ferro.
Oración de la Cruz de Ferro.
Señor, que ésta piedra que arrojo a los pies de la cruz salvadora, símbolo del esfuerzo de mi peregrinación, sea la que, llegado el instante en que se juzguen los actos de mi vida, sirva para inclinar la balanza a favor de mis buenas obras. Así sea. Amén.
Hacia Manjarín.
Pasamos por Manjarín, donde se encuentra un sencillo y rústico albergue atendido por Tomás, uno de los hospitaleros más singulares del Camino por su exclusiva dedicación a los peregrinos a pesar de la dureza del lugar. Por su afición a todo lo relacionado con la legendaria "Orden del Temple", se autodefine como el único y último Templario.
Poco después de Manjarín, se alcanza la máxima altitud de 1520 metros al pie de una base de telecomunicaciones del Ministerio de Defensa. A partir de ahí, un prolongado y fuerte descenso del monte Irago, casi 17 kilómetros, alternando con atajos y la propia carretera nos conduce hasta Molinaseca. Antes se pasa por los pintorescos pueblos de El Acebo y Riego de Ambrós.
Un bicigrino accidentado en una de las bajadas.
Llegando a "El Acebo".
Pintoresco y bello pueblo tradicional del Camino, el cual se atraviesa por su Calle Real. Paramos en un bar del pueblo para comernos unos bocadillos y nos encontramos con Maura, Laura y Ginger.
