Cuando en el curso de los primeros años del reinado de Fernando I de Castilla y León (1037-1065), Gómez Díaz, uno de sus más insignes cortesanos, recibió de manos del monarca y en gratitud a los servicios prestados un pequeño monasterio localizado en su dominio de Carrión, no pudo prever que, andando el tiempo, se fuera a convertir en una de las sedes benedictinas más prósperas del reino.
Desconocemos en qué fecha pudo fundarse esa modesta institución monástica dedicada a San Juan Bautista en la antigua vía Aquitana. Algunos documentos sitúan ya en el año 948 a una pequeña comunidad de monjes, con Teodomiro a la cabeza, habitando estas céntricas tierras Palentinas. Lo evidente es que las bases de su verdadera consolidación fueron puestas por este magnate, perteneciente a la poderosa familia castellana Banu-Gómez. Gómez Díaz murió en 1057 sin haber completado la labor de restauración del viejo monasterio y fue su familia, encabezada por su viuda Teresa, quien llevó a término el proyecto.En primer lugar fue dignificado con el traslado de las reliquias de dos mártires hispanorromanos desde Córdoba: Zoilo (noble patricio romano muerto el año 300 bajo la persecución de Diocleciano) y Félix (monje natural de Alcalá de Henares), así como la cabeza del Apóstol Santiago Alfeo. A ello se añadió la entrega de un amplio patrimonio territorial, que en lo sucesivo no haría sino incrementarse, gracias a reiteradas donaciones de la nobleza y de los distintos reyes Castellanos y Leoneses.
Su ubicación privilegiada en la vía de comunicación más próspera del momento, el llamado camino francés o Camino de Santiago, colaboró aún más a su prosperidad, convirtiéndolo incluso en lugar de peregrinación y en paso obligado de los peregrinos hacia Santiago de Compostela. En 1076 Teresa, emparentada con los reyes de Asturias y León, se afilió al movimiento de renovación monástico alentado por el monarca Alfonso VI (1073-1109) y donaba el consolidado monasterio familiar de San Juan y San Zoilo a la Orden de Cluny. Con la pérdida de autonomía, lejos de mermar su importancia institucional, ésta se incrementó notablemente al convertirse, junto a Santa María de Nájera (La Rioja), en la residencia del representante (camerario) de Cluny en la península Ibérica. Los desórdenes que experimentó Nájera desde fines del siglo XII provocaron que desde Cluny se decidiera conceder a San Zoilo de Carrión el prestigio de alzarse con la jefatura de todas las filiales borgoñonas en los reinos cristianos occidentales de la Península. Desde aquí se impulsa notablemente, por todo el Camino de Santiago y sus orillas, una nueva manera de construir: el Románico. A partir de esta condición no debe resultar extraño que fuera el lugar escogido por monarcas y prelados para la celebración de Cortes y Concilios.
Desde hace tan solo unos años, los restos de aquéllos antiguos escenarios, sobre todo en su Iglesia románica, son cada vez más visibles y permiten calibrar la importancia de la construcción que allí se alzaba. Lamentablemente no son tanto, al menos por ahora, los vestigios conservados del resto de las dependencias monásticas que completaban el conjunto: claustro, capítulo, refectorio, cocina, cilla, etc. El discurrir de los siglos finales de la Edad Media fue poco propicio para el priorato cluniacense de Carrión. Los desórdenes y la pérdida de relevancia de la propia orden benedictina frente a otras mejor adaptadas al nuevo tejido social, lo sumieron en una decadencia que tan solo fue detenida tras su conflictivo ingreso en la Congregación de Valladolid en 1532.
Rotos sus lazos con Cluny, en esta nueva etapa como monasterio, sus abades trataron de recomponer el prestigio perdido, para lo cual, entre otras cosas, iniciaron un programa de reconstrucción de las deterioradas dependencias. El más destacado fruto de esta iniciativa es el magnífico claustro trazado por Juan de Badajoz y llevado a cabo entre 1537 y 1577 por Pedro de Castrillo y Juan de Celaya. El programa iconográfico desplegado en sus bóvedas, representando la historia de la orden de San Benito y la propia historia universal de la Salvación, no tiene parangón en las realizaciones coetáneas del territorio castellano leonés ni de la propia Europa.
Desde la época de los Condes, el monasterio tuvo hospitales dedicados a la acogida y el cuidado de los peregrinos, alguno de los cuales se cita en los textos de los antiguos viajeros a Compostela. Así Doménico Laffi, clérigo boloñés, anotará en 1673: "A la salida de Carrión encontramos un gran convento donde dan ración de pan y vino a los peregrinos". En esa misma época, en el siglo XVII, fue sustituida la iglesia románica por una espaciosa pero no muy afortunada construcción barroca, en cuya portada septentrional se fueron incorporando los principales personajes de la historia del monasterio.
La primera mitad del siglo XIX quebró definitivamente la vida monástica de San Zoilo de Carrión. La desamortización de 1835, a la que había precedido la invasión napoleónica y el Trienio Liberal, ocasionó cuantiosas e inevaluables pérdidas en su patrimonio. Ocupado por la Compañía de Jesús desde 1851 para instaurar un famoso colegio de bachillerato (el primero de España) en el que se inspiró Ramón Pérez de Ayala para escribir su novela AMDG (ad maiorem Dei gloria). En 1959 los jesuitas abandonaron el convento y en él ubicó el Obispado palentino el Seminario Menor de la Diócesis de Palencia. Desde 1992, este antiguo monasterio tan lleno de historia y de cultura, fue convertido en el "Hotel Real Monasterio San Zoilo".






Calzadilla de la Cueza.



Lédigos.

Terradillo de los Templarios.
Como su mismo nombre indica fue territorio jurisdiccional de la Orden del Temple.


Después de una larga y agotadora caminata, pude buscar refugio y cenar en el Albergue los Templarios. Terminé de cenar y me dio tiempo para entrar en la computadora y leer mis correos electrónicos y contestar algunos. Preparé como es costumbre todas las noches, mi equipo para la jornada siguiente que será aún más larga.
www.alberguelostemplarios.com